Guido Gómez Mazara: Liderazgo para recuperar el orden urbano de Santo Domingo

Hay problemas que durante años se vuelven tan cotidianos que terminamos aceptándolos como parte inevitable de la ciudad. La maraña de cables que cuelga de los postes, cruza las calles y se aferra a los árboles de Santo Domingo es uno de esos ejemplos. Sin embargo, detrás de ese desorden existe un problema de infraestructura, seguridad, medioambiente y calidad de vida que no podía continuar siendo ignorado.

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El inicio de los trabajos para retirar y reorganizar aproximadamente 300 kilómetros de cableado aéreo en desuso representa, por eso, mucho más que una jornada de limpieza. Es una intervención necesaria para recuperar el orden urbano y, sobre todo, una muestra de que cuando las instituciones deciden coordinarse y actuar pueden enfrentar problemas que durante años parecían difíciles de resolver.

En el centro de esta iniciativa está el presidente del Consejo Directivo del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), Guido Gómez Mazara, quien ha asumido un papel determinante para convertir una preocupación recurrente de los ciudadanos en un proyecto concreto, con recursos, alcance territorial y un plazo definido.

Gómez Mazara no se ha limitado a reconocer la existencia del problema. Ha tomado la iniciativa y ha colocado al Indotel como protagonista de una solución que requiere la participación de diferentes sectores. Su presencia junto a la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, y al presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), Joel Santos, refleja precisamente esa visión de coordinación institucional.

La frase pronunciada por Gómez Mazara durante el recorrido por Bella Vista resume la dimensión del compromiso: “Hoy arrancamos y en 100 días vamos a completar el ciclo de 300 kilómetros de cableado resuelto y tumbar todo el modelo de cableado en desuso”.

La importancia de esta declaración está en que establece una meta concreta. No se trata únicamente de anunciar que se limpiarán las calles, sino de asumir públicamente un plazo para entregar resultados.

El proyecto contempla una inversión de RD$100 millones, de los cuales RD$50 millones serán aportados por el Indotel, mientras que EDESUR y EDEESTE contribuirán con RD$25 millones cada una. Esta participación económica demuestra que el problema ha adquirido una dimensión que demanda una respuesta conjunta entre el regulador de las telecomunicaciones, el sector eléctrico y el gobierno municipal.

Pero el mayor mérito de la iniciativa está en que no se limita a retirar cables abandonados. Los trabajos incluyen reorganización y anillado del cableado existente, poda de vegetación, señalización, tensado, identificación y etiquetado de las empresas de telecomunicaciones y limpieza de las áreas intervenidas.

Es decir, se intenta atacar el problema desde varios ángulos.

Durante años, Santo Domingo ha visto crecer de manera desordenada sus redes aéreas de telecomunicaciones. Nuevas instalaciones se agregan a las existentes, mientras los cables que dejan de utilizarse permanecen en los postes y árboles. El resultado es una infraestructura cada vez más congestionada y una imagen urbana que poco tiene que ver con la ciudad moderna que aspiramos a construir.

Por eso, la intervención impulsada por Gómez Mazara debe valorarse también como una oportunidad para establecer nuevas reglas de convivencia entre las empresas de telecomunicaciones y el espacio público.

No basta con retirar los cables existentes. Hay que evitar que el problema vuelva a repetirse.

Ahí estará una de las principales pruebas del liderazgo del presidente del Indotel. La solución definitiva requiere supervisión, identificación de los operadores, cumplimiento de las normas y mecanismos que obliguen a retirar oportunamente cualquier cable que quede fuera de servicio.

Si después de invertir RD$100 millones y retirar 300 kilómetros de cableado la ciudad vuelve a llenarse de redes abandonadas, el esfuerzo habrá sido solamente temporal. Pero si este plan consigue establecer un nuevo modelo de instalación, mantenimiento y retiro de cableado, entonces estaremos ante una transformación mucho más profunda.

También es importante destacar que la iniciativa trasciende la contaminación visual. Como ha advertido Joel Santos, la acumulación y desorganización del cableado puede representar riesgos para la infraestructura eléctrica. Mantener despejadas y organizadas estas redes facilita las labores de mantenimiento y contribuye a preservar condiciones adecuadas de seguridad.

La participación de Carolina Mejía también resulta fundamental, especialmente porque buena parte de la intervención tendrá impacto directo sobre los espacios públicos y el paisaje urbano del Distrito Nacional. La coordinación entre la Alcaldía, Indotel y el sector eléctrico demuestra que el ordenamiento de la ciudad no puede depender de una sola institución.

Sin embargo, es justo reconocer que Guido Gómez Mazara ha colocado el tema en la agenda y ha asumido la responsabilidad de impulsarlo desde el organismo regulador de las telecomunicaciones.

Los sectores incluidos en esta primera etapa —Ciudad Colonial, San Carlos, Cristo Rey, 24 de Abril, Ensanche Luperón, Bella Vista, Piantini y Naco— representan zonas con características urbanas diferentes, lo que permitirá comprobar la capacidad del proyecto para intervenir tanto sectores tradicionales como áreas de intensa actividad comercial y residencial.

El Acuerdo Marco de Cooperación Interinstitucional suscrito el 26 de febrero de 2026 fue el punto de partida formal. Ahora comienza la etapa verdaderamente importante: convertir el acuerdo en resultados visibles para los ciudadanos.

En tiempos en que la población demanda menos discursos y más soluciones, este tipo de iniciativas tiene un valor especial. Los ciudadanos quieren caminar por calles más ordenadas, disfrutar de espacios públicos dignos y saber que las infraestructuras que utilizan diariamente responden a criterios de seguridad y planificación.

Guido Gómez Mazara ha entendido que la gestión pública también consiste en enfrentar esos problemas cotidianos que, por su persistencia, terminan siendo normalizados.

El retiro de 300 kilómetros de cableado puede parecer una tarea técnica. En realidad, representa una decisión política y administrativa de recuperar el control sobre el espacio urbano.

Ahora corresponde cumplir la meta de los 100 días y, posteriormente, garantizar que el orden conseguido sea permanente.

Porque el verdadero éxito de Guido Gómez Mazara y del Indotel no estará solamente en la cantidad de cables que logren retirar. Estará en conseguir que Santo Domingo deje de ser una ciudad donde los cables abandonados forman parte del paisaje y pase a ser una ciudad donde la infraestructura de telecomunicaciones se instale, se identifique, se mantenga y se retire con responsabilidad.

Ese es el verdadero desafío. Y también la oportunidad de demostrar que una regulación efectiva puede traducirse en algo que los ciudadanos ven, sienten y disfrutan todos los días: una ciudad más limpia, más segura y mejor organizada.

La contaminación visual, aunque a veces se considere un problema menor frente a otras necesidades de la ciudad, también afecta la calidad de vida. Una ciudad ordenada comunica seguridad, institucionalidad y respeto por los espacios públicos. Cuando los postes están saturados de cables, cuando éstos cuelgan sobre las aceras o se enredan en los árboles, es normal ver, además de la enorme tela de araña del cableado, los diferentes objetos, como son: Tenis, sombrillas, palos y hasta electrodomésticos colgando del desorden del alambrado como si fueran inevitables el mensaje es justamente el contrario.

Sin embargo, el verdadero desafío no será retirar los cables viejos. Será evitar que vuelvan a acumularse.

Aquí está la parte más importante de este proyecto. Si después de limpiar 300 kilómetros las empresas continúan instalando nuevos tendidos sin una coordinación efectiva, en pocos años la ciudad podría volver al mismo problema. La solución, por tanto, no puede limitarse a una jornada de limpieza. Debe convertirse en una política permanente de ordenamiento de las redes de telecomunicaciones.

También resulta fundamental identificar a las empresas propietarias del cableado, establecer responsabilidades y hacer cumplir las normas. Cada operador debe responder por sus instalaciones, por el mantenimiento de sus redes y por el retiro oportuno de aquello que ya no utiliza. No puede recaer indefinidamente sobre el Estado el costo de corregir desórdenes generados por particulares.

La participación del sector eléctrico es igualmente relevante. Como bien se ha señalado, la acumulación desordenada de cables no representa únicamente un problema visual. Puede dificultar las labores sobre las redes eléctricas y generar condiciones que afecten la seguridad de una infraestructura esencial para la ciudad.

Por eso, el anuncio de que los trabajos incluyen reorganización, anillado, tensado, identificación y etiquetado del cableado es quizás tan importante como el retiro mismo. La meta debe ser pasar de una infraestructura caótica a una infraestructura identificable, segura y administrable.

Los 100 días anunciados para completar esta primera etapa serán una oportunidad para demostrar que las instituciones pueden coordinarse y producir resultados concretos. Pero el éxito no debería medirse únicamente por la cantidad de kilómetros retirados. También debería evaluarse por la capacidad de mantener el orden alcanzado.

Santo Domingo necesita más proyectos de este tipo: acciones concretas, coordinadas y con objetivos medibles. Una ciudad moderna no se construye solamente con grandes obras. También se construye cuidando los detalles cotidianos: aceras despejadas, árboles protegidos, postes ordenados, infraestructura segura y espacios públicos dignos.

Retirar 300 kilómetros de cables en desuso puede parecer, a primera vista, una operación de limpieza. En realidad, puede representar algo mucho más profundo: la decisión de recuperar el control sobre el espacio urbano.

Ahora corresponde mantener esa decisión en el tiempo. Porque ordenar la ciudad una vez es una buena noticia; lograr que permanezca ordenada es una verdadera muestra de gobernanza.